"Pero también es cierto, si eso le sirve de consuelo, que si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegariamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos."
— Ensayo sobre la ceguera, José Saramago